martes, 12 de diciembre de 2006

PINOCHET OTRA VEZ

Los diarios del mundo se han llenado durante los últimos días con noticias de Chile, con una noticia en particular, la muerte de Augusto Pinochet Ugarte. Pareciera ser que este es el único nombre que mueve el interés por este pequeño país ubicado al fin del planeta. Se han despertado los más increibles sentimientos tanto en adherentes como en detractores.
En un país donde 15 millones de habitantes trabajan, estudian, gozan y sufren diariamente; las miradas se centran en una cantidad no superior a tres mil que fueron a llorar, con violenta agresividad, sus penas al hospital militar una vez conocido el deceso de a quién solo le faltaba en la vida morir. Otro grupo no superior, en una actitud de patética alegría, celebraban con champaña la anunciada muerte de quién se acompañó de muerte y dolor durante los últimos 30 años de su existencia. Nuestros medios de comunicación se llenan con la vida y obra del general, suplementos escritos y programas de televisión que surgen como insectos después de la lluvia, en muestra evidente que su final era esperado, la muerte le rondaba desde algún tiempo, las plañideras tenian ya contratada su participación, así como los acuerdos protocolares entre gobierno y ejercito para los honores funerarios yacian en hojas amarillentas.
Han pasado treinta y tres años desde el comienzo de la era Pinochet. Muchos de los pequeños hijos de los detenidos desaparecidos de aquel entonces son hoy padres, no pocos abuelos. Hombres y mujeres que han crecido y vivido bajo el estigma del ser querido no encontrado, bajo la arraigada culpa, con confusos sentimiento de odio y perdón , una vida de marchas, protestas, de burlas y castigos. Una vida que les correspondió vivir. Otros aún disfrutan de las ventajas y beneficios, legales o no, que les permitió abrazar la obra modernizadora del regimen.
Lo cierto es que los chilenos no estamos de acuerdo frente al análisis de un gobierno que se extendión por 17 años, su sola mención nos divide profundamente. Pinochet es hoy en día una palabra de profundos desencuentros, gatilladora de las más diversas emociones que, sin embargo, tienen un lugar común: la violencia; en las palabras, en las acciones, en el pensamiento, en las relaciones, en las poblaciones. Debemos rogar para que una mano poderosa borre en nuestras conciencias una fecha, 11 de septiembre, y un apellido pinochet.

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